EMOLIENTE SIN PUNTO DE COMPARACIÓN
- La Bajada sobre Ruedas

- 3 jun 2019
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 11 jun 2019
Cuando el peruano quiere salir a delante, sabe que es buena opción el vender comida al paso invirtiendo un presupuesto cómodo.
Dicen por ahí que “cuando nace la necesidad, llega el ingenio” y es aquí donde los peruanos salen a relucir su increíble sazón, pues no se necesita de grandes cocinas, ni grandes puestos, para enamorar al paladar humano.
Claudio es un emprendedor, vende emoliente desde hace 15 años, y vino a lima para poder salir adelante. Junto a un amigo, formo “Claudio´s emoliente” participó en programas televisivos y logró llegar a mistura, a conseguido grandes cosas a lo largo de estos años pero como todo comienzo, fue duro y no estaba lleno de un color rosa.
Claudio es proveniente de la ciudad de huaraz, allí nació y vivió toda su infancia y adolescencia, a los 20 años describió que la vida no estaba puesta solo para arrear carneros y cosechar alfalfa, y decidió venir a Lima a buscar una mejor vida para él y para su familia.
Aquí conoció a su mejor amigo, Luis, un joven de Ayacucho que al igual que él vino por una mejor vida.
Entre los dos lograron conseguir un cuarto en San Juan de Miraflores, pensaron en que podía gustarle a las personas para calmar su frío y también para ayudarlos en su salud, así nació la idea de preparan emoliente.
Entre los dos lograron comprar una carretilla de madera, Y con un poco de ayuda hicieron su primero emoliente casero puesto para la venta.
Este no era un emoliente común y corriente, tenía algo más, un valor agregado que hacía de su sabor algo inconfundible.
Claudio había incorporado a su emoliente un ingrediente secreto que consiguió de su abuelo, él decía que el emoliente, no tiene que ser ni tan dulce, ni tan ácido, tiene que estar en un punto medio, y esa especie servía justamente para eso.
Ellos empezaron en una pequeña plaza llamada “San Roque”
Tuvieron que pasar 8 años para que Claudio se sorprendiera pues hasta ese momento lo había visto todo, o eso era lo que pensaba.
En el 2012 Claudio atendía cada día un aproximado de 100 personas, todo le parecía común, le sirvió uno de sus clásicos emolientes con sábila a un hombre bien vestido, portaba pantalón, camisa, una bufanda y una peculiar casaca de cuero, ese día, en esa misma mañana, este hombre le dijo "Quiero que estés en mistura"




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